INVITADO DE HONOR


HÉCTOR ÁLVAREZ

Héctor J. Álvarez (Buenos Aires, 1950, Estocolmo, 2022) fue poeta, narrador, músico y compositor. Llegó a Suecia en 1978, empujado por la violencia de la dictadura militar argentina, y desde allí hizo de la lengua un lugar de arraigo: sus textos son susurros porteños gritados a más de diez mil kilómetros de distancia. 

Su biografía, esa contabilidad hecha de fechas, títulos y desplazamientos, registra que publicó Cuentos prófugos (1993), El faquir. Antología del cuento latinoamericano en Suecia (1995), Tierra de nadie (2002) y Silbo solo (2005). También que integró el Grupo Estocolmo, junto a otros escritores y poetas de habla hispana residentes en Suecia.

Pero si dejamos que sus textos lo presenten, Héctor Álvarez es un poeta que se resiste a dejar que el desarraigo tenga la última palabra: una voz al mismo tiempo cotidiana y exquisita que no se resigna a desaparecer y que, obstinada, nos sigue llamando.

Los poemas que se reúnen aquí pertenecen a Bajo cero, un libro inédito que Ana María Almada, su compañera de vida, encontró entre los papeles de Héctor después de su muerte. No son, por eso, textos póstumos en el sentido de una voz detenida: conservan el pulso de una conversación todavía en curso. 

Fernando Bermúdez

 

y si…
yo llegué con frío
pero
un frío
anterior a estos inviernos
puritanos
que señalan
el camino
al recien llegado
 
el mio
era otro
 
es
un frío de nonato
que aún llevo
tatuado
en la planta más rencorosa
de mis pies
 
un frío
que se amamanta
en sueños
con lágrimas de una madre
que reniega de su hijo
si el hijo la sueña
(en otra lengua)

 

Foto: Ana María Almada
melancolía
[dos puntos]
 
avioneta
que carretea
a velocidad de crucero
por la espalda
de viejos pilotos
en tierra
esos días
que desmejoran
hacia la tarde
cuando los aeroplanos
de papel
tocados por la lluvia
 
caen

 

Foto: Ana María Almada
cuando la izquierda
la que no escribe
consigue agrupar en su margen
a las mal pronunciadas
a las mal acentuadas
a las que han caido en desuso
a las abreviadas
a las mutiladas
a las que han perdido sentido
a las borroneadas
a las censuradas
a las que han sido vaciadas de contenido
las otras
las eternas
se ausentan de la hoja
hasta que la derecha
la que escribe
vuelve a poner la coma donde estaba

 

Foto Ana María Almada
volvimos
[otro día de silencio]
cada uno por su lado
y antes de echarnos a dormir
te miré
para recordar tu voz
contrariado
apagué tarde la luz
pues [de pronto] eras tu quién miraba
a oscuras
sobrecogidas de vergüenza
algunas palabras
comenzaron a caerse
del mundo
como cajas vacías por una escalera
hasta que nos quedamos dormidos
[todo un invierno]
arrullados por el barullo

 

Foto: Ana María Almada
vueltos a nacer
huimos de la maternidad
con una criatura en brazos
y al abrir la puerta del taxi
el niño
cumplió veintiún años
 
bienintencionados
le ayudamos a cargar
sobre sus hombros flacos
la parte más oscura
de nosotros
 
y el muchacho
que se ha llevado tan lejos
el color de mis cabellos
nos mira desde la esquina
todavía
con los ojos entornados
como si te oyera
canturrear
[¿por primera vez?]
aquella nana polaca
esa
de la cual nunca
nunca
puedo recorder
la melodía

 

Foto Ana María Almada
si quien lleva muerto
mucho tiempo
media vida
se topara en el ómnibus con su viuda
ella lo miraría entre pasmada y confusa
porque él la estaría viendo
como ella no se puede
como ella no se quiere
como ella no se ve
 
si quien lleva muerto
una
algunas noches
alzara inconforme su copa
la última
y brindara por la amistad
acabado el vino
se sentiría igual de solo
rodeado sólo de amigos
 
si quien lleva muerto unos minutos
casi nada
se plantara en la puerta de su casa
hasta ver pasar un cadaver
enemigo
en vano esperaría
porque sus amigos
somos inmortales
 
si a quien lleva muerto unos segundos
una eternidad
le diera por develar
todo lo que alcanzó a comprender
(justo antes de morir)
habría que condenarlo
a guardar
eternamente
esos secretos
en la tumba

 

Foto: Ana María Almada