CUENCAS DE ANGUSTIA

Manuscrito JCP

NADIE
U
na sombra
bordea mis espaldas
inoportuna, sucia, aprisionada
por latas reciclables,
encarnación de la miseria
generada en la opulencia
de quienes tienen todas
las puertas abiertas
y tierra firme
bajo zapatillas teñidas
con sangre despojada.

 

 

Manuscrito JCP

ENVEJECER
R
espirar solo la brisa
de lo irremediablemente
perdido, negarse
a imaginar futuros, olvidar
ser parte de todo
cuanto nos rodea, recordar
la estrella fugaz
sin percibir las que nacen
a nuestro paso, aceptar
una rutina que impone
un ritmo contrario
al del universo, y perder
como has escrito, Cernuda,
la capacidad de enamorarse.

 

Manuscrito JCP

A UNA CORNEJA
E
l graznido de una corneja lastimó
la madrugada, la misma que vuela
desde los abetos a la playa. A lo lejos
amarillea el firmamento, tras
un nubarrón se esconde
un menguado astro,
las aguas callan, ni una rama
en movimiento, solo
la inquietud del ave
llamando a sus compañeras

y yo salgo a pedirle
prestada su ronca voz
sus negras alas.

 

 

INTIMIDADES DE UNA PERDIDA INOCENCIA
a FWB

         1
¿Cuándo se me habrá perdido la inocencia?
¿
Habrá sido en las rodillas del Hermano Simón,
aquel maestro que explicaba pacientemente
los Misterios de la Santísima Trinidad
mientras manoseaba la entrepierna
de los alumnos sieteañeros? ¿O cuando
una primita me dijo Tonto, no fue la cigüeña
la que trajo a tu hermanita? Tal vez cuando
al fin comprendí que mi hermano mayor
no podía hablar ni caminar ni jugar conmigo
ni con nadie, y que poco a poco moriría corroído
por la impotencia y la tristeza. O a lo mejor
la perdería en el violento destete de una madre harta
de un gurisito insoportablemente dependiente.

         2
No ha sido por todo eso que habré dejado
de ser feliz ni menos aún
indocumentado. No fue, seguro
cuando leí a García Márquez
ni aún antes cuando Jean Valjean me llevó
por las cloacas
de la Ciudad Luz
y sin querer tropecé con Camus y Sartre.
Tampoco cuando recorrí adolescentes
Caminos de utopía junto con Kropotkin
y Landauer, ni siquiera cuando dejé
la casa paterna y mis pasos anduvieron

midamente auscultando
las medianoches de Teluria
las asambleas de Bellas Artes
los espacios comunitarios.

         3
Mucho antes habré perdido la inocencia,
tal vez cuando asesinaron a Lumumba
y tuve que preguntar quién era
o después por las calles de Montevideo
donde retumbaba el Yankees go home
mientras caían bombas de napalm
sobre escolares y campesinos
en el sur asiático o todavía antes
y casi sin darme cuenta,
al leer un poema de Amorín
o al sentir el clamor de la injusticia
en las cuerdas de un mi abuelo
punteando su guitarra.

         4
No sé cuando habré perdido la inocencia,
pudiera ser cuando aún niño escuché
a León
Fleischer contarle a mi padre
el final atroz de su familia en la Alemania nazi
o simplemente cuando en un glosario hallé
palabras sin llegar del todo a comprenderlas,

y seguí buscando y encontré sentidos que no estaban
en ningún diccionario, no sé cuándo
si en la calle, en la cama, en la vigilia o el sueño
o si en una tarde luctuosa con los heraldos de Vallejo
golpeando
golpeando
duramente sobre mi cuerpo.

         5
Jamás podré saber cuándo la inocencia
huyó de mis actos, tal vez
al dejar de comprar felicidad, esa
que ofrecen en los mercados
y comencé a mirar la vida
con la mirada del “gallego” menospreciado,
de los judíos pobres amigos de mi padre,
de los pieles rojas que junto con John Wayne
maté
con mi revólver de plástico, jamás

podré saber cuándo la inocencia
se volvió golpe de luz de viento de rabia,
sombra inquieta que no deja
de emboscarme.

Del poemario SOLO CON SU NOMBRE
La Plata 1976

En un solitario altillo nacieron
mis primeros poemas, locura
amiga que hoy me acompaña

mas todo lo ignoraba su risa

sin timidez invadía mis territorios,
constante, tenaz
como el sol de aquel verano

y hubo peleas, hubo lucha en mis silencios
y en una tregua, sin ella saberlo, pactó
mi soledad con su presencia.


P
rimero fue alegría
arrebatando tierras
a mi tristeza,
poblándola de ritmos
primero fue canción
que humedeció la raíz
de mis poemas sombríos
y en las calles busqué sediento
la geografía total de su sonrisa

fue mar, espuma, luz, aquel diciembre.


E
sta mesada donde no caben
dos platos
dos tenedores
dos cucharas,
esta mesada en las mañanas
se ensancha, contiene
su risa o sus palabras, pierde
la condición de piedra
cuando le abarca
y quedo entonces, amigo
reconciliado
con el gris y la esperanza.


H
e visto una estrella caer
muriéndosele iban miradas
y yo sin saber dónde mis pies
y yo sin nada
abismo en los ojos
sonrisa amurallada
disuelta la palabra
huía la canción
sin apenas poder cantarla

una estrella que cae
y yo sin nada
nada en los ojos, nada
ni la sonrisa
ni la canción
ni la tonada

solo con su nombre en mi piel
como una estrella apagada.