Hola!
En esta nueva edición de Hojas de Poesía tengo la alegría de presentarles a mi invitada de honor María Miranda, poeta boliviana quien comparte con nosotros una muestra de su obra poética en la que con tono nostálgico trasciende el presente y despliega, desde el desamor, un filtro de esperanza. Sus poemas fueron ilustrados por la artista plástica Ana María Beaulieu
www.artmajeur.com/anabeaulieu.
En Inéditos Poesía podrán familiarizarse con poemas breves de mi Anotaciones de un apátrida no identificable.
En Misceláneas. Fotografías he colgado fotos de las últimas lecturas y presentaciones. Pero antes de llegar allí, quisiera compartir con ustedes un poema escrito hace más de un siglo por el poeta castellano León Felipe (1884-1968):
¡Qué pena!
¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!
¡Qué pena si esta vida tuviera
–esta vida nuestra–
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos, los mismos poetas!
¡Qué pena,
que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!
Aunque no creamos que la historia se repite siempre de la misma manera, es muy difícil no compartir el sentimiento de pesadumbre y rabia contenida que expresan estos versos.
Lamentablemente, a través de los siglos se han perfeccionado las formas de dominación política y de control económico que ejercen las minorías desde los centros de poder donde se han instalado. Las cadenas ya no son solo de hierro ni solo las dictaduras o la extrema pobreza nos encadenan, ahora las compramos en el mercado y las llevamos gustosos donde vayamos.
La civilización nuestra, tan occidental y tan avanzada a nivel científico y tecnológico está también a la vanguardia en la producción y empleo de armas letales cada vez más poderosas. No es extraño entonces que, a pesar de nuestra tan cristiana civilización, se fomenten guerras genocidas como las de Gaza y de Ucrania, y se generen déspotas mafiosos como Vladímir Putin, Benjamin Netanyahu o Donald Trump y su corte de tecno-oligarcas filonazis quienes son tan o más crueles que los personajes más oscuros de la historia del homo sapiens. La civilización nuestra los honra en partidos autodenominados demócratas y los cobija en sectas económicas, ideológicas y religiosas que tienen hoy el poder de establecer a nivel mundial lo falso como verdadero, de arrasar la naturaleza en provecho propio y exterminar a seres humanos y a todo cuanto se oponga a sus espurias ambiciones. Pero la historia no se repite de la misma manera aunque se repitan las desigualdades, la opresión y las guerras. Y los poetas y los escritores, sí, tal vez sean siempre mismos los que se postran ante el “poderoso caballero Don Dinero”, pero también hay los que se niegan a hacerlo. Sin embargo no es hora de sentir pena, menos aún de claudicar, son tiempos de resistencia y de lucha, como asume la juventud que Greta Thunberg supo despertar desde su adolescencia, y como nos enseña la lucha de los pueblos originarios oprimidos (pero no vencidos), a quienes se encarcela y asesina impunemente por defender el agua y el aire que toda vida en nuestro planeta necesita.
JCP
15/03/2025