INVITADA DE HONOR


Soy chilena. Nací el año 1953 en Castro, Chiloé, donde viví mi infancia y adolescencia.
Desde 1975 estoy radicada en Estocolmo, Suecia.
Soy educadora de Párvulos, jubilada. Profesión que he ejercido desde 1980.
He escrito “toda mi vida”. mis poemas han sido publicado en diversas revistas y algunos de ellos traducidos al sueco.
Llevo publicados 2 libros de poesía:
Despoblada y su sombra, editorial Salto Mortal en 1993 y Mitos Intimos, editorial Farolito Rojo Internacional en 2019.

Discutía consigo misma
si dejar colgada la camisa
limpia y blanca al sereno de la noche
o robarse la escena
de una antigua película:
darle la libertad al viento
de sacudir colgada al sol la mancha roja
para que los vecinos comprendan
y perdonen.
Nada de eso ocurrió,
entretuvo su tiempo sin medida
en observar a la rana dorada
y su veneno.

Mares del Norte, Ana María Beaulieu, 2005, Técnicas mixtas sobre papel hecho a mano, 23cm x 84cm

En la oscuridad de esta parte del año
y de la geografía,
cuando la tierra descansa
y nosotros seguimos afanados
en nuestras pequeñeces
no consuela ni jardín
ni sepulturas
ni el sol
que a ratos se asoma entre las nubes.
Es el recuerdo del sonido del agua
en el deshielo
el recuerdo de veleros ligeros desde lo alto,
el saber que las flores que ayudé a germinar
están solo dormidas.
Este es mi espacio
mi mundo pequeñito
que ha perdido su rumbo
por ahora.

La roca virgen se deja ver
entre las flores que imagino
de vuelta en primavera.
El sabio que lleva,
espera su minuto
apenas para no permitir el olvido
del gotear desde el tejado
al compás de los vientos.
La roca madre, desde mi jardín,
recuerda,
ella nunca se pierde,
calcula cada paso.
Así, en el momento justo,
nos llenará de luz
desde el jardín.
No es el sol,
es la roca al contacto del pie
quien crea ese milagro.
Y podremos retomar el camino
         tantas veces soñado
                que lleva a la montaña.

Sombras, Ana María Beaulieu, 2019, Tinta china, carboncillo, lápiz sobre papel de la Índia hecho a mano, 55cm x 78cm

a H.Murakami

Las horas han quedado sin marcas de su paso,
capaz apenas en el árbol del patio
dejen alguna huella.
Las horas pasan apretándose como un cardumen
del que solo reconocemos la masa en movimiento.
Las horas no dejan tiempo para completar sueños,
tan solo pequeñas señales en el árbol
que no ayudan al despertar en esta noche.
El sol se distrae jugando mas allá del océano.
No lo culpen, está ocupado
en recoger todas las vergüenzas
desparramadas desde los cuatro puntos cardinales
y se confundió en luna
en el frío que remece tras el portal,
las fotos de familia.
De allí este estado de vigilia o delirio
de arcada, de bocanadas densas
en espasmos.
Quizás se marque el tiempo en el árbol
que lentamente deja caer sus hojas.
Ni el cardumen es una masa informe
ni cada pez se mueve a ritmo propio,
el cencerro que aprisionó las branquias
fue concebido desde antes de nacer.
Algún día contaremos las horas
a golpes de remo sobre la pleamar
como una tentativa por deshacer cencerros
sin magia a medianoche,
entonces, abrazados al latir de la roca
dejaremos caer jadeantes nuestros cuerpos
en la oscuridad, agradeciendo al sol.

Transitando por la vida, Ana María Beaulieu, 2020, Técnicas mixtas y collage sobre tela/bastidor, 50cm x 40cm

Hay momentos de mucha claridad,
como los cristales de hielo que decoran el bosque
expuestos al sol después de una nevada.
Los ojos se encandilan al brillo de arcos iris
dificultan, distraen poder ver más allá.
Pero la piel nunca ha dejado espacios
a destellos de prismas deshaciéndose al sol.
La piel entre las sábanas recolecta sentires
se gasta en el contacto, se encoge, se dilata
cartógrafos que saben la posición del sol,
que conviven con monstruos acechando en los bordes
armados de tentáculos, solemne soledad.
Los mapas se actualizan antes de amanecer.
Hay momentos
       cuando creemos ver
              con toda claridad.

Blau i negre, Ana María Beaulieu, 1996, Técnicas mixtas y collage sobre tela/bastidor, 36cm x 71cm

 

Aurora Azócar Avendaño
Aurora Azócar Avendaño